by Elpituforosa
Dio una vuelta por el apartamento, los tacones resonando contra la madera; sin embargo nada llamaba la atención. Se dirigió a la salida, pensando que, si no lo había recordado ya, no debía de ser tan importante; obviamente, se equivocaba: en la puerta de entrada, junto con una rosa roja, se encontraba pegado un sobre blanco sin abrir. "Lo necesitas", rezaba la frase escrita en el papel. Confiaba en él lo suficiente para saber que tenía razón, pero tenía que haber una alternativa, pues algo en su interior se atemorizaba al pensar en abrir tales puertas, puertas que abarcaban lindes que ni siquiera era capaz de imaginar... Cogió el sobre y, aún sin abrir, lo guardó en el bolso de cuero negro. Sabía perfectamente cómo iba a actuar, y sin embargo todo cuanto sentía era incertidumbre. Cruzó el umbral, miró al frente y con una media sonrisa peligrosa de sus labios oscuros, cerró la puerta tras de sí.
by Katia
Por fin salió a la calle. Llevaba días sin ver la luz del sol y era normal. Todo había cambiado desde aquel día, ahora era una fugitiva, poco corriente, pero una fugitiva al fin y al cabo. En la sociedad actual no importa lo despampanante que seas o el don de palabra que tengas; tu cabeza puede tener un precio y siempre habrá alguien dispuesto a cobrarlo. Ella lo sabía y actuaba en consecuencia, metafóricamente, nunca se bañaba dos veces en el mismo rio. Tenía pensado comer un bollo de camino a la estación y posteriormente irse a Bordeaux donde él la esperaba.
Más tarde cambió de opinión. Le había prometido que no se verían hasta que ella abriese el sobre. Uno puede huir o afrontar la situación, siempre y cuando sepa el porqué. Algo en su interior le decía que tenía que escapar, olvidarse, pero lo único que recordaba era la lluvia.
by ElpituforosaHabía pasado mucho tiempo, pero las gotas de lluvia seguían repiqueteando sobre su cara. En esa ocasión, la lluvia había limpiado su rostro de la sal de las lágrimas. Su frescor la había reconfortado como la caricia del rocío y, al mismo tiempo, la había revivido, avocando todo su espíritu hacia un objetivo. Era una niñita con pecas y dos rubias trenzas. Feliz e ignorante, se había levantado como todos los días para ir a la escuela. Anduvo descalza por el pasillo, hacia la luz que se derramaba por el suelo desde la cocina. Llamó a su madre con voz cantarina y despreocupada, frotándose las legañas. Se quedó quieta en el umbral, más confundida que asustada. ¿Por qué estaba su mamá en el suelo? ¿Qué era ese charco rojo que empapaba los azulejos? Esa mañana, la niñita había salido corriendo de casa. Había gritado y llorado. La lluvia se había mezclado con sus lágrimas, dejando un amargo poso de dolor y de odio. Desde entonces, las gotas celestes siempre le recordaban su objetivo: la venganza.
by Kassiopea